Netflix Killed the Video Store

Por Jorge Alberto Silva

Hace algunos días me enteré de que la sucursal de The B Store, antes Blockbuster, estaba rematando un montón de películas en una venta de liquidación por cierre. Fui al lugar y me encontré con un panorama desolador: los anaqueles ya estaban casi vacíos, la tienda había sido saqueada. Sólo sobrevivían unos cuantos títulos, entre estos, algunas joyas recientes que logré rescatar.

Llegué al mostrador y el estado de ánimo del cajero parecía sacado de cualquier título de la sección de Drama. Me contagió. Estaba por cerrar el videoclub en el que había rentado y comprado  películas desde hacía más de quince años. Entonces empecé a sentirme algo así como un traidor. ¿Traidor por qué? Porque desde que me inscribí a Netflix, mis visitas al lugar fueron disminuyendo paulatinamente. De ser cliente asiduo (con tarjeta de socio distinguido y toda la cosa) pasé a acudir de forma esporádica y más adelante ya ni me paraba por ahí… De hecho, ni las moscas. De alguna manera, yo me sentía como uno de los responsables del cierre de aquel lugar que durante un tiempo fue para mí un verdadero santuario.

Me vino a la mente el primer videoclub del que formé parte, bueno, no yo sino mi familia. El catálogo completo, en formato VHS, estaba sobre una mesa en la sala de una casa. Las películas no eran originales, solo se identificaban con una etiqueta en la que el título estaba rotulado con máquina de escribir o, de plano, con vil pluma. La calidad de la imagen dejaba mucho que desear, pero en ese entonces uno no lo cuestionaba.

Luego se popularizó la cadena Video Centro  y más adelante Blockbuster llegó a México e impulsó la diversificación de productos en los videoclubes: comenzó la venta de películas, videojuegos y demás parafernalia. Esto condujo a una breve pero fructífera época dorada para la venta de películas en formatos domésticos. Cualquier persona podía atesorar sus filmes favoritos y reproducirlos cuando quisieran. Sólo el Laserdisc (que durante años creí que eran vinilos) y el HD DVD no gozaron de la aceptación masiva por lo poco asequibles que resultaban los equipos de reproducción.

Blockbuster se declaró en bancarrota en Estados Unidos hace un par de meses. La empresa sobrevivió en México solo porque fue adquirida por el Grupo Salinas, el cual, en un afán de recuperación tomó la cuestionable decisión de cambiar el nombre de la franquicia. The B Store continúa operaciones, pero el número de tiendas a lo largo del país se redujo de forma significativa. Además, el giro de la marca está más concentrado en la venta de videojuegos, libros y juguetes de colección.

El arrollador éxito de los contenidos vía streaming terminó por sepultar al sistema tradicional de renta y venta, y no conforme con ello, parece estar decidido a extenderse a la televisión tanto abierta como de paga. Los contenidos disponibles en internet tienen un montón de ventajas: un solo pago mensual, un catálogo extenso a completa disposición del usuario, la comodidad de no salir de casa y la posibilidad de ver varias veces las películas o programas.  Quedaron atrás las sanciones por entregar una película después de expirada la renta y, todavía más atrás, las multas por no rebobinar la cinta (okey, me fui muy atrás). Sin embargo, para los cinéfilos o “cineros” de vieja escuela está resultando complicado dejar atrás la posesión física de las películas. Fue difícil pasar del VHS al DVD y después al Blu Ray. Ahora las videotecas son virtuales y pueden almacenarse en dispositivos considerablemente más pequeños que los reproductores tradicionales.

Lo más triste del caso es que a principios de la década pasada, Blockbuster recibió el ofrecimiento de comprar por el miserable monto de 50 millones de dólares un negocito incipiente de renta de películas online llamado Netflix. ¿Qué hizo el “Block”? Pasó sin ver, y ahora aquella tiendita por la que no daban medio cacahuate tiene un valor que supera los 8,500 millones de dólares… Historia de película, ¿no?

Ni hablar. Los tiempos cambian y uno necesita adaptarse. Lección que Blockbuster no aprendió y ya sabemos lo que le ocurrió. En el futuro, quizá los contenidos se reproducirán en interfaces humanas: pantallas injertadas en la palma de la mano, menús controlados mentalmente y otras cosas que ahora parecen ciencia ficción pero que pronto podrían contratarse por 129 pesos al mes con cargo a tu recibo Telmex. Por lo pronto terminaré la última temporada de Downton Abbey en Netflix y extrañaré proponerle a mis amigos aquello de: “¿Vamos al Block por una movie?”