El extraño caso de “Los fantasmas del Teatro Central”

Algunas personas no saben que tuve una etapa como director teatral. Allá por 1997 tuve la oportunidad de encargarme de la coordinación de la Compañía de Teatro del municipio de Escobedo, misma que estaba formada por niños y adolescentes que por primera vez tenían un acercamiento con el arte teatral.

De aquella época conservo muchos buenos amigos, y una plétora de experiencias. También son de aquel entonces algunos de los textos de mi autoría que han gozado de mayor difusión como Invasores de Cunilia, Puros cuentos y Los fantasmas del Teatro Central.

Este último texto es una comedia musical ligeramente inspirada en aquella película de Tin Tan y el Loco Valdés: “Los fantasmas burlones” (1963). Aquí la acción se desarrolla en un teatro que acaba de ser reinaugurado tras un trágico incendio sesenta años atrás. Un joven aspirante a actor busca una oportunidad en la producción que reabrirá el teatro, pero sólo consigue trabajo como velador. En sus rondines nocturnos se topa con los fantasmas de los actores de la obra que estaba en cartelera en el momento del siniestro y le hacen una propuesta de lo más estrambótica: suplir a un actor sobreviviente en una versión sobrenatural de la obra que están obligados a presentar ante el público con la finalidad de que sus almas finalmente descansen en paz.

Lo curioso con este último texto es que no logró llegar a la escena dirigida por mí. La primera versión de la obra tenía algo así como ochenta páginas (sin contar números musicales). Había tantos personajes como integrantes en la Compañía (en ese entonces, muy nutrida), y el montaje se convirtió en una labor poco conveniente. Al cabo de unos cuantos ensayos claudiqué y opté por montar algo mucho más amable.

El texto sufrió algunos recortes y finalmente llegó al escenario en 2002 bajo la dirección de Luis Armando Mata, quien me suplió en la coordinación del grupo. La obra estuvo en temporada algunas semanas y participó en muestras municipales de teatro. Yo mismo llegué a participar como actor suplente en un par de funciones. Un segundo montaje de la obra fue realizado por el taller de teatro de la Universidad Metropolitana de Monterrey bajo la dirección de Ely Montoya.

Aquí es donde empieza lo extraño del caso. De alguna manera, la obra llegó a foros de internet en los que se intercambian textos teatrales; así, los fantasmas comenzaron a “manifestarse” en lugares que nunca me imaginé. Bastó con ingresar el título de la obra en Google para descubrir un montaje realizado en 2013 en Lima, Perú. Mi sorpresa fue mayúscula al constatar por medio de un video en YouTube que no era una obra distinta con el mismo título, sino la de mi autoría. Inmediatamente contacté a Fito Bustamante, el responsable del montaje, para indagar cómo es que había llegado el texto a sus manos. Había sido por medio de internet.

Otro caso, este bastante divertido, ocurrió durante una muestra intra-universitaria de la UANL en 2014. Al ver en la publicidad que la obra sería representada por el grupo de teatro de Ciencias Químicas, me lancé a ver qué era lo que habían hecho. Como cualquier espectador, pagué mi boleto y me senté en una butaca del Aula Magna. Me divertía el anonimato y la idea de que los actores representaban una obra de un autor al que no conocían y que, sin ellos saberlo, se encontraba entre el público. Al final, uno de mis alumnos de la Escuela de Teatro le comentó a un amigo suyo, actor de la obra, que yo me encontraba en el teatro. Se acercaron a mí y finalmente me presentaron con el director del grupo, quien no disimulaba su nerviosismo. Nuevamente, el texto había llegado a ellos por internet.

La obra también ha sido presentada en Guadalajara y en San Juan, Puerto Rico. En ambos casos, los responsables se contactaron previamente conmigo para solicitar mi autorización, al igual que un montaje realizado por estudiantes de la Preparatoria 23 de la UANL dirigidos por Carlos Borjas.

El más reciente montaje de la obra se estrenará en agosto del 2017. Ahora presentada por el grupo A Escena y bajo la dirección de Hugo Espiricueta, quien formó parte de aquella compañía que dirigí a fines de los noventa. Lo que tiene de distinto esta versión es que por primera vez hay canciones expresamente escritas para la obra, y además se ubica a principios de los noventa.

Junto con Puros cuentos, esta es una de mis obras que ha tenido más “encarnaciones”, sobre todo en teatro amateur, ya que hay más de veinte personajes y viene perfecto para las compañías numerosas que buscan algo ligero y divertido que presentar ante un público.

Este 5 y 6 de agosto, Los Fantasmas del Teatro Central se presenta en el Aula Magna del Centro Cultural Universitario.